Los biomas, las redes tróficas, los ecosistemas y sus comunidades son expresiones vivas de la interdependencia que sostiene la vida en la Tierra; cada organismo, población y relación energética cumple un papel vital en la estabilidad y madurez de estos sistemas, que tardan siglos en alcanzar su equilibrio. Al destruirlos, no solo perdemos especies, sino también los servicios ecosistémicos que nos brindan agua, alimento, aire limpio y bienestar emocional. Conservarlos no es solo una responsabilidad científica: es un acto ético, una defensa de la vida y un compromiso con las generaciones futuras.